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Terraza de verano
… hacia las dos de la madrugada nos dirigimos al puerto, para
sentarnos en una de las terrazas a esperar a los compradores que sobre
esas horas empezaban a moverse por la zona. Llego una pareja de
veintitantos años y se sentó en una de las mesas. Salió el encargado,
joven apuesto, bien parecido, experto en lidiar Costa del Sol e íntimo
nuestro y les atendió: él cubalibre, ella refresco.
A los quince minutos la chica se dirigió al interior y pidió un güisqui
en la barra, que bebió de un trago y lo pago. Nuestro amigo el encargado
se dirigió al cuartito que está junto a los servicios y que usan como
almacén de las bebidas. Ella fue también, pero no a los servicios, sino
al mismo cuartito. Entró y cerró la puerta. En breve salió ajustándose
ropa y pelo y marchó junto a su pareja a la terraza, para continuar
tomándose su refresco.
Al día siguiente, nuestro amigo el encargado nos confirmó que no la
conocía, que se le presentó en el cuartito y que no fue a contar el
stock de bebidas. Y ante el comentario de que había pedido un refresco
en la terraza nos contestó: “será para enjuagarse la boca”.
El viajante
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