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Olivarero
… quedaban menos de doscientos kilómetros para Málaga y era la hora y
el lugar exacto para detenerse a tomar algo, pues había aprendido que no
era bueno llegar hambriento al destino. Al mismo tiempo aparcaba junto a
mí otro vehículo, semideportivo, gran cilindrada y marca de muchos
ceros. Se bajó un hombre de unos veintitantos años, vestía ropa de
marca, elegante pero sencillo, amplia sonrisa, aire dinámico y según
pude comprobar después, por el rolex y otros detalles, sin carencias
económicas.
En los viajes fuera de puentes y vacaciones, el tipo habitual de
personas que encuentras en carretera está muy definido y uno de esos
prototipos es el agente comercial.
Me saludó con simpatía y entramos a la vez. Ambos nos quedamos en la
barra. Los tres camareros le saludaron, era conocido. Pidió una ración y
dijo al camarero que no me cobrara mi cerveza. Y yo se la acepté a
cambio de pagarle el café de después. Comenté que no quería comer
sentado, que no quería comer demasiado viajando y él explicó:
“yo tomo una ración de pie porque tengo prisa; hago este viaje cada
quince días, Barcelona-Málaga. No tengo buen coche para presumir, sino
porque hago muchos kilómetros, paso por Zaragoza, donde tengo un negocio
a medias con un amigo, estoy una hora y paso por Madrid, donde viven mis
padres y bajo a Málaga para ver a mi novia. Mis padres tienen unos de
los mayores olivares de Andalucía, pero ahora quieren vivir en Madrid.
Yo me dedico a negociar con bebidas en Cataluña y como me va muy bien me
he comprado el piso para vivir allí. De manera que cada quince días
vengo a ver a mi novia a Málaga y atravieso España.”
Lo único que se me ocurrió preguntar fue a qué se dedicaba su novia.
Entonces el comentó:
“No, ella no trabaja, no hace nada, vive con su familia; pero dice que
le da miedo viajar para ir a verme y su familia no la deja irse a
Barcelona, si no es a mi piso, pero casada claro. A ver si esta vez
consigo convencerla.”
Terminamos el café y salimos. El con su sonrisa, que no perdió nunca, se
despidió: ¡Buen viaje! Yo me despedí:
¡¡Hasta dentro de quince días!!
El viajante |