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Flamenco
en
Jaipur
Es la
hora
póstuma-augural,
del
bautismo
y de la
extremaunción.
Volvéis
de esa
Vía
Crucis
de
suburbio
incesante
enlazado
por el
hilo
bramante
de esos
dioses
que
vienen a
alterar
la digna
solemnidad
del
hambre
perpetua
con
salvaciones
probables-seguras
inciertas
y
poéticas.
Parece,
aunque
no es
seguro,
que
anochece
(quizá
sea el
alba)
Vais
caminando
hacia el
lago
donde
esta el
palacio,
inmerso
en agua
y
quietud.
Veréis
un
anuncio
Pepsicola
(toda la
India
está
lleno de
deteriorados
anuncios
de este
extraño
refresco),
una
gasolinera
un
puesto
de
frutos,
un
hombre
al que
falta
una
pierna
que
levanta
su mano,
sin
fuerzas
ya para
suplicar,
hosco y
ensimismado.
La
locura
del
tráfico:
la
pobreza
se cansa
de ser
pobre.
¿Es de
noche?
No
tenéis
fuerzas,
casi
vais
flotando
en el
desmayo.
Aun os
queda
mucho
camino,
muchísimo
camino,
para
llegar
al
pretil,
y
sentaros,
y mirar
como el
palacio
del lago
se
desdibuja,
con el
agua, la
oscuridad
sigilosa
e
indecisa…de
la noche
Javier
del Amo.
jueves,
22 de
febrero
de 2007
- 10:14
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