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Dulce
Amor Mío:
¿Sabes que pienso en vos todas las noches, cuando estoy
en la cama? y cada vez que lo hago tengo sueños
hermosos, relajantes. Historias románticas, contigo como
protagonista, logran un climax que calmaría a las
fieras.
Te deseo desde la
primera vez que te vi y te deseo hasta en lo más íntimo.
Logras enloquecerme con tu tímida sonrisa, al igual que
tu voz, que es melodía a mis oídos aún pronunciando las
palabras más depravadas.
Si pudiera tocarte,
explotaría de placer, un placer difícil de explicar, un
placer que llega al borde del éxtasis. Es como si un
frío invadiera mi corazón, que lo hace temblar y me
impulsa a saltar sobre vos y abrazarte, para luego
acariciarte hasta el fin de la eternidad.
Admiro tu físico, una
belleza monumental casi indescriptible.
Eres hermosa como una rosa, tan dulce como un caramelo y
mueves el cuerpo con la gracia de una diosa, lo cual
hace acordarme de Afrodita.
Siento los colores de
tu pelo de una manera especial. Cuando es negro, creo
que estamos los dos juntos en medio de una oscuridad
total, haciendo lo que te imaginas. Lo tiñes de rojo y
siento cómo el fuego arde y me quema el corazón. El azul
inunda mi mente y de repente me veo en medio de un
océano tranquilo, transparente.
Tus ojos renegridos
son algo fenomenal, porque me hipnotiza y me deja tonto
de amor. Te miro y no puedo apartar mi vista de ti. Pero
tampoco me olvido de tus dientes. Me encantaría que
uniéramos nuestras salivas y con mi lengua limpiar tus
perlas.
¿Habrá alguien capaz
de descubrir el tesoro escondido, para describirlo?
¿Quién será el
afortunado en poseer y admirar el paraíso al que a
tantos
les tienes prohibida la entrada?. ¿Porqué tienes ese
aire misterioso que me impide ser sincero con vos y
declarar mi amor, o es que tengo temor a ser rechazado y
humillado?.
Pero soy capaz de romper barreras y violar leyes con tal
de que me quieras. No importa nuestra diferencia de
edad, ni que gustes de mi mejor amigo. Si tengo que ser
humillado para que me aceptes, si tengo que ser tu
siervo o tu mascota, adelante. Pégame y sentiré tus
manos acariciando mi cuerpo.
Si intentaras
patearme, me aferraría a tu pierna y besaría tus pies
implorando piedad. Escupidme, y no dejaré una gota de tu
néctar sin lamer. Y el canto de una sirena escucharé si
me gritas. Estar al lado tuyo es un placer y tendrían
que matarme y arrastrar mi cadáver para apartarme de ti.
Moriría de amor. |